Materia: Redacción II
Docente: Sidney Torres
Estudiante: Mayra Peralta
Análisis de
Editorial
Cacería
La noticia suscitó un fuerte debate sobre esta práctica y los peculiares
gustos del Rey
La Razón / La Paz
01:20 / 21 de abril de 2012
El fin de semana pasado, el Rey de España se fracturó la cadera cuando
se encontraba en medio de un safari en busca de elefantes. Esta noticia,
colgada en internet junto con imágenes del monarca al lado de animales muertos,
recorrió el planeta en poco tiempo y suscitó un fuerte debate sobre esta
práctica y los peculiares pasatiempos del soberano español.
El accidente ocurrió en Botswana, uno de los países más fascinantes del
sur de África. En los medios pronto se aclaró que las acciones del Rey no sólo
eran legales, sino que incluso se realizaban bajo criterios de sostenibilidad,
por cuanto en ese país africano existen cerca de 130 mil paquidermos, cuya tasa
de crecimiento (5%) es controlada con ese tipo de “aventuras”, para evitar
conflictos de territorialidad con las comunidades locales. No obstante, este
comportamiento provocó indignación entre propios y extraños, principalmente por
dos motivos.
En primer lugar, porque mientras en España la gente luchaba con la peor
crisis económica de las últimas décadas (con una tasa de desempleo que bordea
el 25% y recortes millonarios en las prestaciones sociales de salud y
educación), su Jefe de Estado se encontraba de vacaciones gastando una
millonada, para saciar un extraño gusto por derramar sangre de elefantes, cuyo
sacrificio vale desde $us 11 mil si es una cría, hasta $us 70 mil si es un
adulto de gran tamaño.
La noticia también causó revuelo porque, casualmente, Juan Carlos I no
sólo es el monarca español, sino además el presidente de honor de WWF España
(Fondo mundial para la vida salvaje, por sus siglas en inglés) desde su
creación en 1968, una de las organizaciones de conservación de la naturaleza
más importantes del mundo. Y es que por donde se mire, ese su gusto por matar
mamíferos (además de elefantes, ha cazado osos, bisontes, búfalos, tigres…) va
en franca contradicción con la visión de WWF, cuya labor se sostiene bajo
criterios de respeto hacia el medio ambiente y la vida animal. Por ejemplo, en
el blog Vientos de Brasil (difundido por el diario español El País), una
maestra de escuela se preguntaba, apesadumbrada, cómo iba poder
explicarles a sus alumnos, “que aman tanto a los animales”, que su Rey estaba
en África matando elefantes.
Con todo este revuelo, el monarca se vio obligado a pedir disculpas por
su comportamiento. Para tal efecto, escogió una sencilla frase: “Lo siento
mucho. Me he equivocado y no volverá o ocurrir”. Mientras unos intentan llenar
los vacíos dejados por esta ambigua disculpa, otros esperan acciones concretas
que refuercen las palabras del Rey, como por ejemplo la donación de su refinada
colección de escopetas a un museo. Este gesto serviría para que sus
descendientes y seguidores comprendan que no hace falta matar por deporte para
disfrutar la vida.
Análisis:
Primer párrafo:
En el primer párrafo pude leer que sí se hizo una introducción del tema
y abrió la problemática. Me parece que es clara porque en la primera frase dice
lo que ocurrió “El fin de semana pasado, el Rey de España se fracturó la cadera
cuando se encontraba en medio de un safari en busca de elefantes”, mejor si
hubiese empezado utilizando al sujeto y después los complementos
circunstanciales. Posteriormente se aclara el hecho.
Segundo párrafo:
Este párrafo nos dio la ubicación exacta del hecho, primera afirmación.
Luego vuelve a hacer otra afirmación acerca del hecho y en la última oración
crea un enlace para ir al siguiente párrafo.
Tercer párrafo:
Aquí se hizo una contextualización y a la vez una crítica con antecedentes
que vienen conectados con el hecho del que se habla en el editorial.
Cuarto párrafo:
En el cuarto párrafo, así como en el tercero, hay contextualización con
antecedentes del personaje principal y se vuelve a conectar con el hecho
actual. Tiene dos afirmaciones
contundentes.
Quinto párrafo:
El que debe dar una conclusión. Aquí cuenta cómo terminó el hecho, da
algunos detalles y posteriormente hace una sugerencia de cómo debería actuar el
Rey de España respecto a sus actos y da
un final ficticio. Pero no es una conclusión que convence al lector.
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